Tener un caballo es una experiencia única que implica una gran responsabilidad y un conocimiento intenso de este maravilloso animal. Esta experiencia se adquiere a lo largo de los años, tras estar en contacto y manejar diferentes tipos de caballos. Cada uno de ellos, aparte de diferenciarse físicamente en función de su raza, origen o disciplina, posee un carácter, temperamento, forma de relacionarse con las personas y animales y forma de reaccionar a distintas situaciones, totalmente distinta y única. Es por esto que es fundamental conocerlos de forma individual, poco a poco, y observando cada detalle de su día a día. Lo que es común a todos, sea cual sea su forma de ser, es que requieren un manejo sensible y paciente por parte de las personas que traten con ellos. Si esto no es así, sólo conseguiremos un caballo de muy difícil manejo e incluso agresivo.

Una vez aprendido esto, todos y cada uno de ellos necesitan unos cuidados básicos, necesarios para mantener un buen estado de salud.

En primer lugar, la higiene dentro de su cuadra es fundamental. Una cama húmeda y sucia, implica un caballo sucio permanentemente que nos llevará más tiempo limpiar. Además, los cascos son una zona muy sensible a estas malas condiciones. Pueden aparecer infecciones de rañilla muy mal olientes, que pueden incluso hacer cojear a nuestro caballo y que son problemáticas de curar.
La alimentación es otro pilar fundamental del que debemos estar siempre pendientes. Cada caballo practica un nivel distinto de ejercicio, así que debemos adaptar su ración a cada caso en particular. También hay que tener en cuenta que hay caballos más fuertes, más nerviosos o que adelgazan o engordan más fácilmente. El veterinario puede ayudarnos a escoger la mejor dieta, siempre compuesta por grano o pienso y forraje.

El acceso permanente a agua limpia y fresca, no debe faltar nunca.

Todos los caballos deben estar correctamente vacunados y desparasitados, para controlar así ciertas enfermedades.

Lo ideal es limpiar a nuestros caballos, antes y después de salir de la cuadra. De esta forma, no sólo mantendremos un caballo bonito y brillante, si no que evitaremos ciertos problemas en la piel.

El trabajo diario es fundamental. Pasan muchas horas en la cuadra, así que esto debe ser compensado con un ejercicio acorde a su nivel de entrenamiento. Nunca debemos olvidar el tiempo de descanso. También necesitan algún día de relax, poder estirarse tranquilamente en un prado, comer hierba y disfrutar de sus compañeros equinos. De esta forma, tendremos un caballo mucho más equilibrado, tanto física como psíquicamente.

El herraje debe cuidarse minuciosamente. Los cascos crecen de forma distinta en cada animal, pero las herraduras deben cambiarse cada 30-45 días, aproximadamente. Dado que los cascos del caballo, son una parte fundamental de ellos, debemos cuidarlos al máximo. Deben mantenerse limpios, engrasados y con un aporte de biotina constante. De esta forma conseguiremos un crecimiento óptimo.

El resto ya depende del carácter de cada persona y de la relación que tenga con su caballo. El tiempo que pasamos con ellos, el cariño y los pequeños caprichos como son las zanahorias, manzanas y chucherías, son detalles que mejoran y facilitan nuestra relación con ellos.

Hasta pronto,
Noelia Zamorano, Veterinaria.

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